Contexto de ejecución


A día de hoy nos encontramos ante un proceso global de envejecimiento de la población y un aumento en la esperanza de vida que, junto con la reducción de las tasas de natalidad y el incremento masivo de los movimientos migratorios, están provocando una alteración significativa en las pirámides poblacionales que están afectando de forma clara y directa al desarrollo de la economía mundial.

Este efecto es especialmente relevante en la sociedad española ya que, según se puede constatar de las conclusiones extraídas en los últimos informes publicados al respecto por los Organismos competentes en la materia, España es uno de los países de toda la Unión Europea (UE-27) donde más rápidamente están aumentando tanto la proporción de personas mayores, con 65 o más años de edad, como la esperanza de vida de su población. Otro factor importante a considerar es la estrecha relación que existe entre la discapacidad y la edad de las personas. Concretamente, la tasa de discapacidad aumenta de forma exponencial entre los mayores con edades más avanzadas, con el agravante de que una vez que aparece el primer síntoma asociado a la discapacidad en la persona, tanto las necesidades como los cuidados requeridos por éstos son más complejos y delicados lo que, junto con la difícil coyuntura económica global que estamos atravesando, están provocando que la mayor parte de los cuidadores informales que hasta la fecha estaban haciéndose cargo de sus familiares directos no se vean capacitados para seguir ejerciendo con garantías esta labor.

A pesar de que el 87,3% de las personas mayores prefieren vivir en su casa aunque éstas tengan que vivir en soledad y que empiezan a proliferar fugazmente otras alternativas poco demandadas como son los apartamentos para mayores o los Seniors Resorts, los centros residenciales se postulan en la actualidad como la única alternativa viable en la que se ofrece tanto una atención integral como una vivienda permanente a las personas mayores de 60 años que, por su problemática familiar, social o económica, no pueden ser atendidos en sus propios domicilios y necesitan hacer uso de este tipo de servicios.

Pese a que todos estos datos se basan en estimaciones y proyecciones que podrían verse alteradas por ligeros cambios socio-económicos que se pudieran dar en los próximos años, todo parece indicar que hay una fuerte demanda a satisfacer en este sector dado que el número de plazas residenciales públicas y privadas en España ha aumentado un 25% en los últimos 6 años y que el índice de cobertura (relación entre el número de plazas existentes en residencias y número de personas mayores con 65 o más años) es, en estos momentos, inferior al recomendado por la Organización Mundial para la Salud (OMS).

Por lo tanto, todos estos factores hacen necesario poner a disposición de la sociedad en general y del sector geriátrico en particular, nuevos servicios y sistemas más evolucionados que contribuyan a mejorar la eficiencia y optimizar los procesos y recursos asistenciales de este tipo de infraestructuras, adaptando las nuevas tecnologías que han demostrado ser tan eficaces en otro tipo de entornos hospitalarios a las necesidades concretas de cada persona mayor institucionalizada y consigan romper con los estereotipos negativos asociados a la vejez en los cuales una mayor longevidad de la población siempre va asociada a un fuerte incremento en los costes sociales y sanitarios.


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